miércoles, 14 de marzo de 2007

SA se salió con la suya: los Gauchos Patones volvieron a ganar a las risas

Sexto Primer Premio de los Gauchos: “este año los Patones sacaron permiso para quedarse siempre” dijo Barceló

Por Diego Sebastián Maga
Son las 22:00 horas de este martes de marzo. Febrero es historia pero Sociedad Anónima aún no. En el búnker de Universal hay más gente que la población entera de “Cerro Ñato”.

Pese a que en el interior de la sede conviven cientos de personas no vuela ni una mosca. Están todos: los que no se pueden quedar quietos; los que toman algo para celebrar por anticipado o para olvidar las penas en caso de que no pase nada; los que comidos por los nervios se comen las uñas; y los que prefieren la inmovilidad. En las paredes cuelgan las banderas: las de SA y las de Universal. En el centro de la escena, superpoblada de gente (humoristas, hinchas, periodistas y camarógrafos), está Carlos Barceló. Papel y lápiz, siguiendo con detenimiento la evolución del escrutinio que emite la tele a todo volumen. Transpirando (mitad por la temperatura ambiente –unos 40 grados- y mitad por los nervios) y con una seriedad que no parece propia de su cara. El tipo está concentrado, clavando los ojos en la pantalla y con los numeritos en la cabeza; sumando y restando puntos y ansiedades. Llega el turno del puntaje de SA. “¡Vamos arriba, cheeee!” se filtra un alarido (desde una garganta, que no está seca ni se piensa secar). Cada rubro que ganan los humoristas de San José se grita como un gol de media cancha para volver al silencio (“Shhhh, dejen escuchar que sigue”, pide Carlos). Esta acción se repite por cada fallo de cada jurado hasta que de repente: “... ¿ganamos?”... ¡Síii, ganamooos!” Estallido. El hormiguero entra a saltar desaforado. Como dijeron ellos en su espectáculo 2007: “la forma de encontrar la felicidad es compartiendo la alegría”. Y eso hicieron en su propia ciudad junto a su hinchada rabiosa. Son las 22:20: “Dale, campeóoon, daleee campeóoon!!!”, grita la barra enloquecida. Sociedad Anónima (que vuelve mañana al Teatro de Verano) ya ganó; detrás suyo quedaron Cyranos y Carlitos (en ese orden). La joda no para. La gente no deja de entrar. “¡Apretando cabe otro!” Entre la multitud aparece Pablillo, el más petizo del elenco, que no lo puede creer. El Pato (Figura Popular de Humoristas) se prende con El Seba (filmando con una camarita cada detalle) y Martín con Carlitos. Sí, ahí están, ellos son. El reloj marca las 22:30 y en la calle el movimiento de vehículos va armando una caravana que seguirá hasta la medianoche.
“Carlos, pese a los detractores “Los Patones” se salieron con la suya y volvieron a ganar” –le comento al pasar- “¡Síii, amigo, síii!...¡Este año los Gauchos sacaron permiso para quedarse para siempre en carnaval!” me responde emocionadísimo, colorado y bien ronco para perderse en más abrazos. El hombre está como quien gana un partido que todos lo daban perdido... y por goleada y que termina ganando a puro lujo con la “camiseta” de su vida. Es que el tipo lo hizo de nuevo gracias a sus amigos de siempre: “Los Patones”. Esos seres ordinarios a los que les suelen para cosas extraordinarias. Esta nueva aventura, implicó otra gran metida de pata y una no menos gigante huella en el humor. Estas criaturas antidepresivas mantienen intacta la capacidad de ahuyentar –en un mes- el bajón de todo un año.
Ese compendio de peripecias, delirios (ahora se me viene a la cabeza la vaca que cayó del cielo cuando en medio de un tiroteo a uno se le escapó un balazo para arriba), actos fallidos, escenas absurdas, malentendidos, confusiones idiomáticas e ideológicas, costumbrismo entrañable y un surrealismo descolgado componen el mapa de ese mundo perdido que es “Cerro Ñato”. Ese pueblito es el modelo a escala de una sociedad: allí están ellos pero con el fin de que no veamos nosotros. Por tanto, detrás de cada salida desopilante siempre saldrá un dardo que irá directo al corazón de determinadas actitudes colectivas que nos irritan o nos avergüenzan. Una mirada crítica ejecutada desde lo humorístico. Los “Jilgueros” nos hacen reír cuando los vemos para que luego nos miremos y terminemos riéndonos de lo poco serio que somos como ciudadanía.
Las historias de “Cerro Ñato” no tienen que ser entendidas como independientes o como cuentos fragmentarios sino como la asombrosa suma de sus partes. “Cerro Ñato” es una serie. Clásica, por cierto. Este año presenciamos el capítulo número nueve y como suele suceder: “Esta historia continuará…” Otro primer premio que va a ir a parar junto a los otros cinco (2001, 2002, 2003, 2004, 2005) y a los dos segundos (1998 y 2000). Como siempre, volvieron a ganar a las risas. Y, justamente, de eso se trata todo: reír o no reír, esa es la cuestión. Aunque por alguna extraña razón, los autores intelectuales y materiales de una década de carcajadas estén abrazados y llorando a moco tendido