miércoles, 14 de marzo de 2007

Todo lo que no se vio ni se dijo en la tele

Cobertura exclusiva en el pueblo de los héroes

Por Diego Sebastián Maga (Enviado Especial a Cerro Ñato)

Me quiero quedar un cacho más en la fiesta pero no me queda otra que irme a redactar la crónica. Así que enfilo para la puerta, no sin un poco de pánico al sospechar que justo cuando esté saliendo va a entrar a la carrera Vidalín -a los saltos y revoleando el poncho- y me va a llevar puesto y a dejar despatarrado por el suelo. Piso la vereda aún sano y salvo. Manteniendo la vertical y con cautela aprovecho para acelerar el tranco. Desde la calle vuelvo a escuchar gritos, supongo que deben ser –deducción trasnochada mediante- porque apareció Carmelo que no era otro que el mismísimo cantinero de Universal. Ahora caigo, el hombre –muy astuto- en realidad se había camuflado toda la noche detrás del mostrador para no llamar la atención y cuando vino lo mejor se arrancó el disfraz ocasional y se puso a zapatear arriba de las mesas. Y allá adentro -después de descartar la hipótesis de que alguno del elenco se había pasado del pedo- distinguieron que ese tipo enloquecido no era otro que el pintoresco Intendente de Durazno (“¡Oh, es Carmelo!” exclamó la multitud, por más datos). La joda estaba completa.
Fuentes (nada confiables) consultadas, expresaron que, en medio del delirio, Carmelo empezó a firmar autógrafos (aunque no se los pidieran) y se apersonó a los otros personajes célebres que se hicieron presentes en semejante celebración: Juan “Glorieto” (sepan disculpar pero no tengo forma de que me vean haciendo las comillas con los deditos para arriba, pero juro que las hago, eh) Bustamante y Romualdo “Chinchulín” (ahí está, las hice de nuevo) Manrique. Algún oído indiscreto captó como Carmelo les confesó a los míticos poetas “cerroñatenses” la intención de incluir a los dos en su futura fórmula electoral como garantía de arrastre popular. Claro, el pobre de Carmelo no se enteró de que en verdad Bustamante y Manrique lo ignoraron, no por estar fundidos en un interminable y emotivo abrazo de ojos cerrados, sino porque en realidad (y el parte médico deja constancia de ello) los tipos estaban amontonados pero por el hecho de terminar literalmente desmayados ante la abundante ingesta de grapa. Es que los muchachos, arribaron a la ciudad demasiado temprano (a eso de las 14:00 horas y con el sol picando lindo) y para alivianar tensiones y ansiedades decidieron ir haciendo escala en cuanto boliche se les atravesó en el trayecto desde la Terminal (contaron unos 15 bares, cuando aún podían contar).
En consecuencia, ni uno ni otro (con pérdida de conocimiento), se enteró de la exitosa carrera política que les espera ni mucho menos de que la barra que difunde su obra ganó en Carnaval. Pero cuando se despierten de la penúltima curda ya se van a enterar al leerlo en el diario. Ese diario que acabo de dejar debajo de la puerta de sus ranchos como enviado especial a “Cerro Ñato”.